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15/10/2008 - El concepto de “multisectorialidad” desde nuestra experiencia
A 4 AÑOS DE LA CONFORMACIÓN DEL FPDS
El concepto de “multisectorialidad” desde nuestra experiencia
El FPDS nace en 2004 con vocación multisectorial, es decir, como una propuesta que proyectaba agrupar no sólo a los desocupados (las organizaciones más numerosas provenían de ese sector de los trabajadores) sino también a trabajadores formales y precarios, estudiantes, grupos culturales, pequeños productores rurales, etc.
Esa definición política sintetizaba debates que se venían desarrollando en la Argentina desde fines de los ´90, pero necesitaba ser ejecutada, lo que implicaba todo un desafío: cómo articular experiencias, dinámicas, reivindicaciones y formas de lucha diversas.
Los debates previos
Desde la década del ´40, nuestro país consagra relaciones capitalistas con preponderancia de las concentraciones urbanas, la actividad industrial y las relaciones salariales; de esta forma se va definiendo un sujeto potencial (la clase obrera industrial), compatible con las caracterizaciones que el marxismo clásico elaboró sobre el sujeto que debería encabezar la lucha revolucionaria. Así, en nuestro país, es centralmente la clase obrera industrial la gran protagonista de las luchas que permiten mantener un “empate social” entre 1945 y 1976.
La desarticulación del sistema productivo en las últimas décadas cambia rotundamente el mapa social. La irrupción de los movimientos de desocupados a fines de los ´90, protagonizados por ex obreros de empresas privatizadas, jóvenes y jefas de hogar desocupadas, pone en cuestionamiento las definiciones más dogmáticas al incorporar nuevos actores a la lucha (desocupados), nuevas reivindicaciones (incorporación al mercado laboral, subsidios de desempleo) y nuevas formas de lucha (cortes de ruta y accesos a las grandes ciudades).
Como suele suceder, aún la novedad corre el riesgo de convertirse en nuevo dogma, y con el auge del movimiento piquetero algunas organizaciones asignan a los desocupados el carácter de sujeto central del proceso de cambio, y reducen la propuesta de organización popular a la conformación de un gran movimiento nacional de piqueteros. Esa perspectiva, si bien reconocía la existencia de otros sectores en lucha, les asignaba roles de meros auxiliares de las organizaciones de desocupados. Quienes después confluimos en el FPDS y veníamos de la experiencia del movimiento piquetero, corrimos el riesgo de quedar “atrapados” en esa autorreferencialidad sectorial.
Entre 2000 y 2004 se da un debate en los movimientos populares que pone de relieve la cuestión del sujeto en un contexto de fuerte fragmentación del trabajo. Allí resulta importante la irrupción de nuevos actores, como los vecinos de los sectores medios y medio-bajos reunidos en asambleas barriales o las propuestas autogestivas de las empresas recuperadas; pero también reaparecen en escena viejos actores como las agrupaciones sindicales antiburocráticas y combativas, el movimiento estudiantil y los movimientos campesinos.
Al conformarse el FPDS, parte de la militancia que venía de los MTD y de algunas agrupaciones estudiantiles ya había participado en espacios multisectoriales como la Coordinadora de Organizaciones Populares Autonomas (2001-2002), y quienes venían del Movimiento de Unidad Popular tenían ya una definición multisectorial.
En el seno del FPDS esa experiencia se transitó desde lo regional, con diferentes ensayos, donde fuimos aprendiendo lo que no figuraba en ningún manual, y con diferentes resultados que hoy nos permiten evaluar que se puede, aunque no resulte sencillo. Si bien en la mayoría de los casos el punto de partida fueron los movimientos territoriales, también hubo lugares donde partimos del movimiento estudiantil.
Hoy, con sólo 4 años caminados, podemos decir que el FPDS, como conjunto, es una organización popular, social y política, de carácter multisectorial, que expresa prácticas territoriales, sindicales y de trabajadores precarios, estudiantiles, culturales y de pequeños productores agropecuarios. Algunas fuertemente desarrolladas, otras apenas incipientes. Advertimos también que hay desniveles regionales, lo que asumimos como una carencia que se resolverá avanzando.
Transitamos caminos nuevos, en parte recuperando las mejores tradiciones de lucha, y en parte a tientas, convencidos que no se trata de repetir rituales y conceptos sacralizados sino de la apasionante tarea de construir las posibilidades revolucionarias a partir de nuestra realidad concreta y nuestra capacidad de creación de lo nuevo.
