|
Si bien hubo un recupero económico importante en los últimos años, en la mayoría de los países de sudamericanos se afianzaron modelos extractivo-exportadores (1)
En América Latina el contexto de crisis global sirvió a fortalecer la mayoría de las veces un sesgo más conservador de los procesos a nivel nacional. Así, en el terreno económico, más allá de las políticas anti cíclicas asumidas por buena parte de los gobiernos de la región en 2009 y que tuvieron su máxima expresión en el ciclo de las nacionalizaciones en la Venezuela bolivariana; la recuperación del crecimiento económico en 2010 implicó una profundización del modelo extractivo exportador forjado en las décadas pasadas. Se fortaleció así un modelo que no sólo supone saqueo y devastación ambiental sino que también implica una mayor dependencia del mercado mundial, incrementando la vulnerabilidad nacional y regional a los vaivenes del contexto internacional. La profundización del modelo extractivo exportador era relativamente previsible en aquellas regiones de América Latina y el Caribe donde el ciclo más intenso de cuestionamiento a la hegemonía neoliberal generalizado en la región entre los años 2000 y 2005 había sido contenido, reprimido o derrotado y donde se había afirmado la continuidad del neoliberalismo. El ejemplo paradigmático de ello fue el Perú de Alan García (derrotado en las últimas elecciones), signado por el decretazo de 2008 que avanzó con la privatización de la Amazonía peruana y reforzó el modelo minero en la sierra criminalizando los movimientos y las resistencias y que, frente al levantamiento indígena amazónico de 2009, respondió con la masacre de Bagua. Pero la profundización del modelo extractivo exportador no se ha limitado al proyecto del neoliberalismo; también donde se aplicaron políticas más orientadas por un proyecto neo desarrollista, por ejemplo en Brasil o la Argentina, se afirmó y consolido la matriz extractiva de bienes comunes de la naturaleza. Finalmente, también en los procesos de cambio pareció cobrar fuerza –como respuesta a la crisis– la profundización del modelo extractivo exportador. En ese rumbo marcharon las decisiones adoptadas por el gobierno ecuatoriano a posteriori de la sanción de la nueva Constitución en relación con la minería, el agua y los hidrocarburos, políticas que precipitaron crecientes cuestionamientos y el enfrentamiento con organizaciones indígenas y sociales, particularmente la CONAIE. Por otra parte, en el caso de Bolivia las dificultades de concretar los objetivos de la propia ley de nacionalización de los hidrocarburos se prolongaron en la concesión del aumento del precio de los combustibles, el llamado gasolinazo a fines de 2009, que despertó la protesta de un amplio arco de movimientos populares que forman parte del proceso de cambio y movió al gobierno a dar marcha atrás en su decisión. Recientemente se sucedieron fuertes protestas sociales para frenar la construcción de una carretera que pretendía atravesar un parque nacional siendo esto parte funcional de este modelo extractivo como se puede ver claramente en el IIRSA (2). En todos estos casos y frente a la tendencia de profundizar el modelo extractivo exportador, ha quedado de manifiesto la importancia asumida por las luchas en defensa de los bienes comunes de la naturaleza en la región. Ellas constituyen un desafío central en tanto cuestionan el núcleo dinámico del capitalismo latinoamericano y sus consecuencias de saqueo y devastación ambiental. Es un desafío para la articulación continental de movimientos sociales aportar a la difusión de estas luchas, a la comprensión de su relevancia y proyección y a la construcción de procesos de solidaridad, intercambio y coordinación de esfuerzos e iniciativas continentales que las fortalezcan en lo local-nacional y las proyecten a nivel regional. Finalmente, el cuestionamiento al modelo extractivo exportador supone también abrir y promover el debate social sobre los modelos y vías del desarrollo alternativo, una cuestión que exige, como lo venimos haciendo, profundizar nuestras discusiones y propuestas en la dirección de dar encarnadura cada vez más cierta a un camino orientado por la igualdad social, el buen vivir y la defensa de la madre tierra. En el plano regional, el desarrollo desigual de las luchas sociales en el continente y el contexto general en el que se mueven supone una dificultad y un reto particular a nuestros esfuerzos de coordinación continental. Ante este panorama, y justamente cuando la perspectiva de la crisis global hace más necesaria una integración solidaria de nuestros pueblos que promueva y favorezca una creciente desvinculación del mercado mundial y las políticas de chantaje y ajuste promovidas por los poderosos. El intento de bloqueo del ALBA desde arriba resulta un enorme desafío a afrontar desde los movimientos populares desde abajo. Es uno de los desafíos que se le plantean a nuestra articulación continental. Así lo ratifica también la reciente decisión de la UNASUR de avanzar en el terreno de acuerdos económicos que protejan las economías nacionales de los impactos de la crisis. Negociaciones que visibilizan aún más la importancia de una efectiva integración desde los pueblos y de las propuestas formuladas por el ALBA en los últimos años así como nos convocan a intervenir y promover, desde los movimientos sociales del continente, propuestas y debates para que el rumbo de estos acuerdos no resulte sencillamente en la protección de los intereses económicos concentrados y el status quo. Nuestra articulación a nivel continental nace inspirada en el proceso del ALBA pero también recogiendo las mejores experiencias de las luchas alter mundialistas y de las iniciativas continentales de lucha contra el ALCA. Justamente la derrota relativa de este proyecto, la aparente desaparición de un enemigo común, la nueva etapa de la confrontación social abierta en el continente, entre otros factores, conllevaron la desarticulación y debilitamiento de estas experiencias de coordinación continental que fueron tan importantes en las décadas pasadas. Ante ello, se han puesto en marcha en el continente diferentes iniciativas de coordinación de movimientos sociales. Valoramos estas experiencias, defendemos la complementación, unificación de esfuerzos e importancia de estas iniciativas, así como nos sentimos comprometidos en la aspiración estratégica que se propone la articulación de los movimientos sociales hacia el ALBA. Creemos que ese sueño martiano está lejos de haberse agotado. Por el contrario, los desafíos que afrontamos en nuestros países y la sombra de la crisis global vuelven más necesaria la construcción de una efectiva integración desde los pueblos que no puede ser impulsada por las clases dominantes ni por las élites políticas. Creemos así que uno de los aportes de nuestra articulación continental debe ser contribuir a defender, reactualizar y energizar este proyecto popular de Nuestramérica, de esa Nuestramérica, latina y caribeña, mujer, indígena, mestiza, trabajadora, migrante, campesina, joven y afrodescendiente, que se levanta y se nutre rebelde y emancipatoria.
(1) El presente artículo está basado en el documento sobre análisis y perspectivas en Latinoamérica realizado por la Articulación de movimientos sociales hacia el ALBA, Capitulo Argentina (2) La Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana. www.iirsa.org
|